sábado, 24 de mayo de 2014

Capacidad para trabajar bajo presión


Suena absolutamente descabellada la pretensión en las convocatorias laborales de que el candidato, entre otras “cualidades”, sea capaz de “trabajar bajo presión y estrés”.

Claro que todos los candidatos tienen que decir que sí para poder obtener el trabajito. Pero a la larga empezarán a padecer todas las consecuencias para su salud, y la vida familiar y social, que de ese estrés se desprenden.

¿A qué “genio” se le habrá ocurrido que hay seres humanos que toleran y soportan “bien” el estrés y la presión en el trabajo? (por eso la mayoría de los diagnósticos médicos modernos dicen: “estrés”). Todos, a la larga o a la corta, sufrirán las consecuencias que finalmente irán en detrimento de la misma empresa.

Los tales estándares de calidad y la competencia mercantil de este tiempo están haciendo de las personas simples medios para conseguir ganancias que a la postre engrosarán los bolsillos de otros, que no son los bolsillos de los estresados ni  presionados. Estos, a la larga, solo corren el riesgo de ser despedidos por presentar varias incapacidades médicas seguidas.

Con toda seguridad que un ambiente de trabajo planificado, organizado, amable, sin gritos ni maltratos, sumado a un liderazgo que vea seres humanos y no humanos robotizados que producen, es capaz de alcanzar todos los estándares de calidad y competencia que exigen las economías de este siglo XXI.

Es hora de empezar a actuar contra el desorden establecido. Lo primero y más importante es la persona, no la economía ni la empresa: si se restablece el orden correcto, lo demás vendrá por añadidura.

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